Mi miedo

Por Charo Rodriguez. 62 años. Madrid. ‘Descubriendo qué soy.’

El toque de queda nos pilló en el campo y allí nos quedamos. En medio de un silencio natural, una soledad que me ayuda a sentirme segura y un aire limpio. Estaba incluso feliz con el parón. ¿Cuántas veces he deseado parar, desconectar? Ahora podía hacerlo y disfrutar de ello sin sentirme culpable.

De repente empiezo a oír hablar, más bien a leer, de vacunas y chips para controlar el virus. Y el miedo empieza a colarse poco a poco, hasta que no me queda más remedio que darme cuenta de que hay algo que me está asustando. Me asusta que me obliguen a hacer algo que no quiero. Pienso que eso me quita libertad y no estoy dispuesta. Me imagino siendo objetora de conciencia respecto a la vacuna, con los conflictos que eso conlleva, y que aún así soy vacunada. No hay salida. 
Al llegar aquí empiezo a observar mi miedo sin intentar razonar con él, solo observarlo, ver su cara, su nombre. Se llama “pueden decidir por mí y convertirme en un muñeco dirigido”.

Poco a poco empiezo a recordar que el “truco” de la paz y la alegría está en:                                

Cambiar lo que puedo cambiar,
aceptar lo que no puedo cambiar
y reconocer la diferencia. 

Aparece la sombra de la resignación con su peso anulador… ¡NO!  ¡Aceptar no es resignarse! Aceptar es hacer lo que está en mi mano hasta donde pueda. Y si en algún momento no puedo hacer más, entregarme a la realidad sabiendo que la libertad no está fuera, si no dentro. Que el poder de elegir la actitud que quiero tener en cada momento ¡Nada me lo puede quitar! El poder de reprogramarme según las circunstancias tantas veces como lo necesite, de acuerdo a lo que me indique mi vida interior, ese, solo yo lo puedo parar. 

Y la paz vuelve a mi mente y mis emociones de la mano de esa confianza interior que da el saber que está en mi mano. Tengo una libertad interior que nada puede arrebatarme. Puedo entregarla yo si así lo elijo, pero será decisión mía. 

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