El peligro de no mirar mi miedo

Por Charo Rodriguez. 62 años. Madrid. En camino.

He leído en las redes a gente molesta porque estamos hablando del miedo, haciendo un esfuerzo para reconocer nuestro miedo, darle nombre y hacerle frente. ¿Conocéis el libro «El caballero de la armadura oxidada?» Recomendado. Pequeñito y fácil de leer. Es la historia de un caballero encerrado en la armadura que un día se puso para protegerse. Después de años de llevarla puesta empezó a asfixiarle, pero ya no sabía cómo quitársela. Solo se pudo librar de su armadura cuando reconoció su miedo y le miró a la cara, según le miraba el miedo iba disminuyendo y la armadura deshaciéndose. 

Al leer este enfado en las redes recordé la filosofía-psicología del «pensamiento positivo», que en ocasiones es entendida como «sólo se puede pensar en cosas que resulten agradables, si no lo hacemos así resultamos dañinos». Creo que hay una verdad importante en esta idea que tiene que ver con no dejarnos arrastrar por las emociones, pero para conseguir esto, para ser dueñas de nuestras emociones, hay distintas estrategias. Yo, por ejemplo, me manejo mejor pensando que lo que nos sana, nos equilibra, nos permite situarnos con inteligencia en la realidad, es pensar con verdad, aunque la verdad no siempre parezca positiva ni resulte agradable. Digo «parezca» porque estoy convencida de que la verdad siempre es positiva, porque siempre es liberadora y abre caminos, aunque duela. 

Estoy en la filosofía del «conócete a ti mismo», de ganar campo al subconsciente y vivir con atención a como me afectan las cosas (lo importante no es lo que ocurre sino como me afecta) porque en «como me afectan» está la sabiduría de mi organismo mostrándome el camino. La psicología de la inteligencia emocional. 

Esto y el pensamiento positivo parecen dos caminos distintos, quizás opuestos, ¿quién sabe?. Creo que lo importante es que, elijamos el camino que elijamos, lo caminemos con honestidad hacia nosotros mismos y con respeto hacia los demás. Caminando así, creo que llegaremos al mismo sitio. 

A no ser que piense que solo hay una forma de hacer las cosas: la mía. Pero eso ya es otro tema, el tema del pensamiento único, de «la dictadura intelectual». Sobre ese tema me gusta recordar que la Verdad parece ser demasiado amplia para que una persona pueda abarcarla entera. Y para mí, que a la Verdad le gusta que cada uno la busque por su cuenta, con honestidad y respeto. 

Frente a la dictadura intelectual, pensamiento propio. 

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