De un día para otro cambió todo. ¿A dónde nos llevará esta crisis?

Todo ha cambiado. Todo. Absolutamente todo. No importa si eres pobre o rico, si vives en el norte o en el sur, si percibes el virus cómo peligro o no. No importa. Tú vida ha cambiado, ha cambiado de manera radical.

Hace pocas semanas podías coger un vuelo a cualquier parte del mundo y el único límite era tu situación económica. Ahora ya no puedes. Hace pocas semanas podías ir a ver tus amigos cuando querías. Ahora está prohibido. Hace pocas semanas salíamos todos los días a trabajar, a comprar, a pasear… Ahora estamos encerrados. Y si llegamos a salir estamos tensos, sea por miedo a infectarse, por miedo de que nos abucheen, que nos multen… El virus se ha metido en toda nuestra vida. Ni siquiera tumbarse en el sofá y ver la tele se siente igual. Cada paso, cada gesto ha cambiado de sentido. El virus ha invadido incluso los últimos rincones de la vida cotidiana. De todos en casi todo el mundo.

Hace un mes nuestras vidas eran predecibles, a lo mejor aburridas, pesadas, agotadoras… Pero predecibles. Llevábamos una rutina y esperábamos seguir con ella. Vivíamos en un mundo aparentemente conocido y estable. Y de repente esto ha desaparecido. De repente ha desvanecido el suelo sobre el que caminábamos, de repente nos encontramos en terreno desconocido, de repente nos encontramos ante un mundo desconocido, obligados a adaptarnos a una realidad nueva. Esto ya en si mismo es aterrador.

A la vez todo está confuso. Llegan cifras y noticias de todo el mundo solo para ser desmentidos el día siguiente. Un especialista dice aquello sobre el virus, otro argumento lo contrario y mañana ambos dirán algo totalmente diferente. Lo mismo pasa con los números de infectados, diagnosticados, asintomáticos o cómo se llamen, nadie sabe cuantos son de verdad. Y las medidas de los políticos que cambian de un día para otro… Cada pocas la situación cambia radicalmente. Esto también es aterrador.

Y a esto se suma la sensación de peligro, de amenaza. Podemos morir, pueden morir nuestros queridos. Además muchos se han quedado sin trabajar y hablan ya de otra crisis económica. Peligra nuestro bienestar material… De alguna manera ya estamos en crisis. Y esto aún aterra más. Hemos visto pasar muchas cosas malas alrededor de esta palabra. Aterra.

Pero, ¿una crisis es necesariamente mala? ¿Qué es estar en crisis? ¿Qué significa esta palabra de verdad? Vamos a preguntar el diccionario:

  1. Mutación considerable en una enfermedad tras la cual se produce un empeoramiento o una mejoría: el enfermo ha conseguido superar la crisis.
  2. Cambio importante en el desarrollo de un proceso que da lugar a una inestabilidad:
    crisis económica.
  3. Problema, conflicto, situación delicada: esa pareja está pasando por una crisis.

Vemos que el termino se puede aplicar a la situación actual: tenemos una mutación considerable de una enfermedad que ha cambiado de manera significativa cómo se desarrolla nuestra vida y nuestras sociedades. Estamos ante un problema grave, una situación inestable y delicada. Y en estas últimas palabras hay una clave importante: Una situación inestable tras la cual se produce un empeoramiento o una mejora.

Es este momento de una batalla en el que no se sabe quién va a ganar. Es este momento de la batalla en el que muchas cosas están pasando a la vez: pérdidas, empates, pequeñas victorias… Buenas y malas noticias nos llueven por todos lados. Desde nuestra perspectiva es imposible saber que va a pasar. Estamos en un momento de incertidumbre total. Inmersos en el caos de lucha entre vida y muerte. Es un momento a la vez aterrador y lleno de posibilidades. Estamos en crisis.

Y el virus con todos los peligros que conlleva solo es un síntoma de una enfermedad mucho más profunda. Cómo la fiebre durante una pulmonía. Nos puede hacer daño, nos puede matar, sí, pero el peligro real es otro. El peligro real es otra enfermedad más profunda y hasta que curemos a esta los síntomas solo irán a más.

Porque sí, estoy convencida de que nuestra humanidad está profundamente enferma, nuestra civilización se batalla entre la vida y la muerte. Y cómo se ha generado y extendido este virus concreto no es más que una consecuencia. Es un síntoma no la enfermedad.

Por esto es crucial que, mientras algunos están luchando contra esta fiebre, otros nos preguntemos: ¿Qué hay detrás? ¿Cuál es la enfermedad verdadera? ¿Y qué puedo hacer yo para combatirla? Desde ahora, desde aquí, desde donde estoy, desde los medios limitados que tengo. A lo mejor es poco, pero los pocos de muchas personas pueden hacer una diferencia grande.

Es un momento aterrador, un momento que despierta muchos miedos, miedos que nos ciegan la vista y que impulsan comportamientos destructivos que solo empeoran la situación. Es urgente que los venzamos, que nos enfrentemos a ellos. Incluso es posible que el miedo sea uno de nuestros enemigos principales.

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