Miedos antiguos

Por Charo Rodriguez. 62 años. Madrid. ‘Descubriendo qué soy.’

El miedo también puede ser un arma de manipulación masiva. Gracias al miedo podemos chantajear y ser chantajeados. Recuerdo que el miedo, si pierde de vista su objetivo, de qué necesitamos defendernos, puede paralizar.

Llevamos siglos siendo educados en el miedo. En mi generación se enseñaba que si nos fiamos de nuestro criterio somos soberbios, si creemos tener alguna habilidad o aptitud somos vanidosos, si queremos tener una buena vida egoístas… Como esto son tendencias naturales, todos éramos malos y poco de fiar.

Ahora, pensando evitar lo anterior, educamos desde el miedo: si ponemos límites al niño impedimos su desarrollo, si le enseñamos principios básicos de ética o de convivencia no le dejamos pensar por si mismo, si le contradecimos  podemos dañarle emocionalmente… Sin pretenderlo enseñamos que todo debe llegarnos hecho y que no existen referencias sobre cómo lograr lo que deseamos.

La diferencia entre las dos generaciones está en que nosotros éramos responsables de todo, solo teníamos deberes, no nos fiábamos de nosotros mismos  y la agresividad que acompaña al miedo, para prepararnos a la defensa, la volvíamos contra nosotros, nos la tragábamos. Ahora el responsable siempre es otro, solo se tienen derechos, la agresividad se vuelca en lo que se tiene delante y parece que ni se nos ocurre pensar que hay cosas que dependen de nosotros, que solo puede hacer uno mismo.

Lo común es que, en general, ni unos ni otros tenemos confianza para movernos por nosotros mismos, para empezar iniciativas. El pensamiento común es «¿Qué puedo hacer yo? No puedo hacer nada». Digo en general porque en cualquier momento de la historia hay personas que «se escapan» de esa educación, qué se atreven a preguntarse qué pueden hacer y a poner en marcha una respuesta. Y diría que ahora mismo hay muchas personas haciéndo esto. Lo que quiere decir que se puede hacer. 

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